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La OCDE ha elevado al 2,6% su previsión de crecimiento de España para 2026 y al 3,7% la de inflación. Las dos estimaciones aumentan cuatro décimas respecto a las publicadas en junio. El INE situó la tasa interanual del IPC en agosto en el 4,3%, siete décimas por encima de julio. Se trata de dos referencias distintas: la previsión de crecimiento y la de inflación corresponden al conjunto de 2026, mientras que el dato del INE mide la variación interanual de los precios en un mes concreto, agosto.
Las proyecciones de la OCDE apuntan a que España crecería más que la zona euro, pero tendría también una inflación prevista superior. Están sujetas a los supuestos económicos y energéticos incluidos en el informe. Para España, el organismo prevé que el crecimiento se modere al 1,8% en 2027 y calcula una inflación del 3,4% ese año. Son estimaciones para el año próximo, no resultados ya registrados.
Más crecimiento previsto que en la zona euro
La OCDE proyecta un crecimiento del 1% para la zona euro tanto en 2026 como en 2027. En sus cálculos, España queda por encima de esa tasa en 2026. Para el año siguiente, el organismo sitúa el crecimiento español en el 1,8%, una cifra que la cobertura del informe señala como una décima superior a la estimación anterior.
La OCDE atribuye parte del crecimiento de España a la solidez de la demanda interna durante el segundo trimestre. Para Alemania, señala la recuperación de las exportaciones como apoyo al repunte de la actividad. El informe describe así factores distintos en la evolución económica europea: la demanda doméstica en España y las ventas al exterior en Alemania.
La previsión de crecimiento no determina por sí sola cuál será la trayectoria de los precios. Para España, la OCDE calcula una inflación del 3,7% en 2026, frente al 3% que proyecta para la zona euro. En 2027 prevé un 3,4% para España y un 2,9% para la zona euro. Estas cifras expresan la senda que estima el organismo para ambos años; no son datos observados.
Qué hay detrás del dato de agosto
El 4,3% publicado por el INE mide cuánto habían variado los precios al consumo en agosto respecto al mismo mes del año anterior. El instituto señaló que el transporte influyó al alza en el repunte. En particular, relacionó la evolución de ese grupo con el encarecimiento de los combustibles y lubricantes, frente a la bajada que habían registrado en agosto de 2025.
El dato de agosto y la proyección anual de la OCDE tienen alcances distintos. El primero recoge el cambio interanual observado en ese mes; la segunda estima la inflación para el conjunto de 2026. Por eso, la diferencia entre el 4,3% y el 3,7% no permite determinar por sí sola cómo evolucionará el índice durante los meses que quedan del año.
La OCDE vincula el encarecimiento energético a una perturbación del suministro asociada al conflicto en Oriente Medio, que elevó los precios del petróleo y el gas. Para elaborar sus proyecciones, tomó como referencia los futuros disponibles el 14 de septiembre. Ese supuesto situaba en el cuarto trimestre de 2026 máximos trimestrales de 105 dólares por barril de Brent y 82 euros por megavatio hora de gas europeo. El informe utiliza ambos precios como referencias para sus cálculos.
Energía e incertidumbre
La OCDE afirma que la economía mundial ha resistido mejor de lo esperado el impacto energético, aunque advierte de que persiste la incertidumbre. El organismo proyecta un crecimiento global del 2,9% en 2026 y del 3% en 2027. Esas previsiones también dependen de la evolución de la energía y de las condiciones que la OCDE ha considerado en sus cálculos.
Entre los riesgos que describe, la OCDE señala que una demanda energética más intensa o nuevas interrupciones del suministro podrían empujar los precios por encima de la senda prevista. También apunta que la pérdida de poder adquisitivo y unos tipos de interés más altos pueden frenar la actividad. El informe plantea estos riesgos en términos generales y no cuantifica qué efecto tendrían sobre el presupuesto de cada hogar español.
En sus recomendaciones, la organización pide a los bancos centrales que vigilen las expectativas de inflación y plantea que las ayudas públicas se dirijan a quienes más las necesitan, teniendo en cuenta la sostenibilidad de las cuentas públicas. El informe presenta estas orientaciones junto con sus proyecciones, que dependen de la evolución económica y energética. La incertidumbre sobre el suministro y los precios de la energía forma parte de los supuestos que condicionan tanto el crecimiento previsto como la inflación.