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El verano de 2026 fue el más cálido de la serie oficial de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), iniciada en 1961. La agencia prevé para el otoño climatológico —septiembre, octubre y noviembre— una probabilidad del 60% al 70% de temperaturas superiores a las normales en toda España. La lluvia, en cambio, presenta señales diferentes según el territorio.
El calor ofrece una señal común para el conjunto del país, mientras que el pronóstico de precipitación no permite resumir el otoño en un único escenario nacional. La previsión estacional se refiere a la temperatura o la lluvia media del trimestre y se expresa mediante categorías probabilísticas. No describe por sí sola la evolución de cada semana ni de cada localidad.
El verano récord
Entre junio y agosto, la temperatura media de la España peninsular fue de 24,5 grados, 2,4 grados por encima del promedio de 1991-2020. El registro superó en tres décimas el récord anterior, correspondiente al verano de 2025. Los diez veranos más cálidos de la serie oficial se concentran en el siglo XXI.
AEMET sitúa el verano de 2026 en el primer puesto de la serie iniciada en 1961. La comparación con periodos anteriores procede de una reconstrucción histórica elaborada por un equipo de climatólogos de la agencia. Según esa reconstrucción, 2026 fue el verano más cálido desde, al menos, 1869. La propia formulación incorpora una cautela: la incertidumbre aumenta cuanto más atrás se retrocede en el tiempo.
El récord no se limita al trimestre usado para la comparación estadística. AEMET describe temperaturas propias del verano durante la segunda mitad de mayo y la primera quincena de septiembre, un periodo de cuatro meses. En el trimestre de junio a agosto se contabilizaron cuatro olas de calor: tres en la Península y Baleares y otra en Canarias. Entre el 2 y el 7 de septiembre se registró además otro episodio de cinco días.
Una señal cálida para el otoño
Para septiembre-noviembre, AEMET asigna entre un 60% y un 70% de probabilidad al escenario de temperaturas más cálidas de lo normal en toda España. La probabilidad del escenario más frío es del 10%. En el sistema de terciles utilizado para la predicción, el porcentaje restante corresponde a la categoría central, la de valores normales.
La cifra es una previsión sobre la media del trimestre, no un anuncio de una ola de calor ni una predicción determinista de las máximas en cada municipio. Un trimestre puede terminar en la categoría cálida aunque dentro de él se sucedan jornadas con comportamientos distintos. La señal sirve para describir el balance medio esperado, no para anticipar cada episodio.
La agencia añade un segundo horizonte temporal: para octubre-diciembre eleva al 70% la probabilidad de un escenario más cálido en la mayor parte del país. Se trata de un periodo distinto del otoño climatológico utilizado en el dato anterior, por lo que ambas cifras no describen exactamente los mismos tres meses.
La precipitación introduce una diferencia territorial más marcada. Para septiembre-noviembre, AEMET asigna un 40% de probabilidad al tercil de lluvias superiores a las normales en el norte y el este peninsular y en Baleares, frente a un 25% para el tercil más seco. El resto corresponde al tercil central.
En Canarias, la señal se invierte: el escenario más lluvioso tiene un 25% de probabilidad y el más seco, un 40%. También aquí el porcentaje restante corresponde a la categoría central. Las cifras de lluvia deben leerse por zonas y no como una previsión única para España.
Un verano seco dentro de un año hidrológico húmedo
El contraste entre calor y lluvia también aparece al comparar periodos diferentes. En la España peninsular, el verano registró 39,6 milímetros de precipitación, el 56% del valor normal de 1991-2020 y el tercer registro más seco desde 1961.
El año hidrológico iniciado en octubre de 2025 acumulaba, hasta el 15 de septiembre, 643 milímetros en la España peninsular, un 6% por encima de lo normal. Ese dato no contradice el balance seco del verano: uno resume junio-agosto y el otro reúne la precipitación acumulada desde el comienzo del año hidrológico.
La distribución temporal ayuda a entender la diferencia. La mitad de la precipitación del año hidrológico se concentró entre el 15 de diciembre y el 15 de marzo. En los seis meses posteriores cayó solo una quinta parte. Así, un acumulado próximo a la normalidad pudo convivir con periodos secos más prolongados y con lluvias concentradas en un intervalo más corto.
El balance deja dos señales distintas. Las condiciones propias del verano se prolongaron durante cuatro meses y AEMET atribuye una probabilidad elevada a un otoño más cálido de lo normal. La precipitación, en cambio, cambia de signo según la zona: apunta hacia el tercil húmedo en parte del norte y el este peninsular y Baleares, y hacia el seco en Canarias. Un portavoz de AEMET plantea, en este contexto, la necesidad de adaptarse a veranos más largos.
