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La vacunación infantil mantiene coberturas altas en España, pero cinco de las siete series analizadas siguen una tendencia descendente. El estudio analiza siete coberturas en los 27 países de la Unión Europea y sitúa a España entre los países con mejores niveles absolutos: en 2024, sus estimaciones van del 92% al 97%. El estudio apunta a un retroceso que conviene vigilar, aunque no mide por sí solo cuántos niños carecen de cobertura ni explica por qué cambia cada indicador.
Qué compara el estudio
La investigación, publicada en *The Lancet Regional Health–Europe*, reconstruye la evolución de las coberturas entre 1980 y 2024 a partir de estimaciones de la OMS y Unicef. El análisis abarca siete series correspondientes a la vacunación administrada durante el primer año de vida: la vacuna combinada frente a difteria, tétanos y tos ferina (DTP), hepatitis B, *Haemophilus influenzae* tipo b (Hib), sarampión, neumococo, poliomielitis y rubéola.
Son series de cobertura, no siete recuentos independientes de niños ni un único total de dosis. El estudio distingue entre el nivel alcanzado y la dirección reciente de cada serie. El artículo informa de tendencias descendentes, pero ese resultado no equivale a una caída anual idéntica ni uniforme en todos los países y vacunas.
El periodo histórico y el reciente muestran dos imágenes distintas. Desde 1980, las coberturas aumentaron en la mayoría de los países y de las series. En los años más recientes, en cambio, parte de esos avances se ha frenado o invertido, con diferencias entre países y vacunas. Esa combinación de mejoras acumuladas y señales recientes de retroceso es el núcleo del hallazgo.
Un retroceso desigual en la UE
El estudio identifica 16 países en los que descienden al menos cuatro de las siete series. La cifra resume un umbral de clasificación: no significa que las siete coberturas hayan caído en todos ellos ni que lo hayan hecho al mismo tiempo. Bulgaria, Chipre, Irlanda, Países Bajos, Rumanía y Suecia presentan descensos en las siete series analizadas.
La evolución también varía según la vacuna. Los descensos son más frecuentes en Hib y poliomielitis, seguidos por hepatitis B y DTP. Sarampión y rubéola muestran un comportamiento comparativamente más favorable. El patrón no permite comparar automáticamente la situación de cada país: un descenso puede partir de niveles distintos y las series pueden responder a calendarios o registros diferentes.
España: nivel alto, tendencia descendente
En 2024, la cobertura estimada en España alcanza el 97% para sarampión y rubéola, el 94% para DTP, hepatitis B, Hib y poliomielitis, y el 92% para neumococo. Son niveles altos, aunque las tendencias muestran una evolución distinta.
El análisis clasifica como descendentes cinco series españolas: hepatitis B, Hib, neumococo, poliomielitis y DTP. Sarampión y rubéola mantienen una evolución ligeramente ascendente. Jaime Jesús Pérez, presidente de la Asociación Española de Vacunología, sostiene que los niveles absolutos deben valorarse junto con las tendencias. También considera deseable superar el 95% en los indicadores españoles más bajos, una referencia que el propio texto atribuye a esos valores y que no debe convertirse en una regla idéntica para todas las enfermedades.
El nivel estimado y la tendencia reciente son datos distintos: España conserva coberturas elevadas en 2024, pero cinco series pierden impulso según la clasificación del estudio. La información disponible no permite convertir esa combinación en un recuento de niños afectados ni en una declaración de crisis general de inmunización.
Coincidencia temporal y límites causales
Muchos descensos recientes comenzaron entre 2019 y 2022, un periodo que coincide temporalmente con la pandemia de covid-19. Los autores plantean que las interrupciones de la vacunación sistemática pudieron contribuir al retroceso, pero las fuentes aceptadas señalan que el diseño del estudio no fue concebido para demostrar causas. El estudio tampoco permite atribuir las bajadas exclusivamente a la pandemia, la reticencia vacunal, la desinformación o los problemas de acceso.
Una coincidencia temporal no identifica un mecanismo. Pérez añade que los cambios en los calendarios, las diferencias entre países y las mejoras en los sistemas de registro pueden afectar a la comparación histórica. Las estimaciones de la OMS y Unicef combinan datos comunicados por los países, registros administrativos, encuestas y otra información disponible; su precisión depende de la calidad, disponibilidad y puntualidad de esos datos.
Una variación en la cobertura estimada no equivale automáticamente a una variación idéntica en el número real de niños protegidos. El estudio permite observar patrones y orientar la vigilancia, pero no determina por sí solo qué factor explica cada descenso.
Límites del hallazgo
El hallazgo principal es la coexistencia de coberturas altas y tendencias negativas en parte de las series. La OMS señala que estos patrones pueden ayudar a localizar comunidades con coberturas insuficientes y a orientar medidas correctoras. En el caso español, los datos apuntan a mantener juntas las dos preguntas: qué nivel registra cada vacuna y hacia dónde se mueve.
Los datos permiten identificar esa señal y sus límites. No permiten reconstruir un total de niños afectados, atribuir una causa única ni tratar como equivalentes los resultados de todas las vacunas y países. La vigilancia debe concentrarse, según los datos expuestos, en las coberturas inferiores a la referencia del 95% y en las series españolas clasificadas con tendencia descendente.