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El Mediterráneo se calienta y gana salinidad en profundidad, con ritmos distintos entre cuencas

El análisis, basado en observaciones de 1950 a 2025, detecta cambios hasta aguas profundas y una aceleración desigual entre regiones, más intensa en el Adriático.

Una costa de cantos rodados junto a aguas transparentes, con una localidad y montañas al fondo.
Una costa de cantos rodados junto a aguas transparentes, con una localidad y montañas al fondo. tomkennedyastro · CC BY-SA 4.0Imagen de archivo. No corresponde necesariamente a los hechos descritos. · Origen

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El cambio llega al fondo, pero no por igual

El Mediterráneo se calienta y gana salinidad desde la superficie hasta aguas profundas, según un análisis publicado en *Geophysical Research Letters*. La densidad determina qué masas de agua pueden hundirse, desplazarse y ventilar las capas interiores. El análisis también detecta señales de aceleración, aunque su intensidad cambia según la subcuenca y la profundidad.

El contraste más marcado aparece en el Adriático. Allí, el cambio alcanza aguas cercanas al fondo y sigue produciéndose formación de agua densa: el proceso por el que el enfriamiento y el aumento de salinidad hacen que el agua pese lo suficiente para hundirse. El estudio describe ese cambio físico. Sus consecuencias sobre el oxígeno y los ecosistemas deben separarse de otras observaciones y de las hipótesis que puedan derivarse de ellas.

Qué muestran las observaciones

El análisis combina perfiles históricos, campañas oceanográficas, flotadores Argo y mediciones regionales reunidas entre 1950 y 2025. La tendencia de calentamiento permanece estadísticamente significativa al menos hasta unos 3.000 metros. La salinidad también aumenta de forma significativa en gran parte de la columna de agua. En algunas cuencas, los perfiles analizados llegan aproximadamente a 4.000 metros, pero esa profundidad no marca un límite uniforme para las dos variables en todo el Mediterráneo.

El patrón de aceleración varía según la región. Es más intenso en las cuencas central y oriental y alcanza sus valores máximos en el Adriático, especialmente en su sector meridional. La señal se adentra en las capas interiores y profundas, pero el alcance exacto varía entre regiones y depende de la cobertura disponible y de las pruebas estadísticas aplicadas. En conjunto, las observaciones muestran dos cosas: el cambio vertical llega a aguas profundas y el ritmo se ha intensificado en determinadas zonas, no de manera idéntica en toda la cuenca.

La comunicación de la American Geophysical Union que acompaña al estudio sitúa en torno a 0,5 grados por década el calentamiento superficial desde 2000 y lo compara con un ritmo de entre dos y tres veces el de la superficie oceánica mundial. También contrasta esa estimación con un ritmo inferior a 0,1 grados por década durante la segunda mitad del siglo XX en buena parte de la cuenca. Son promedios agregados para periodos y zonas concretos, no tasas aplicables a todos los puntos ni a todos los años.

El Adriático mantiene la formación de agua densa

El calor tiende a aligerar el agua y la sal añadida a hacerla más pesada. Cuando ambos cambios se producen a la vez, sus efectos sobre la densidad se compensan en parte. El estudio señala que, en varias zonas, el calentamiento superficial reduce la densidad y puede hacer menos eficaz el acondicionamiento invernal necesario para formar agua densa.

El Adriático se comporta de otro modo. Según la comunicación de la American Geophysical Union, el enfriamiento invernal y la salinidad todavía pueden llevar allí el agua a una densidad suficiente para hundirse. Esa formación no ha desaparecido. El agua densa del Adriático se extiende después hacia las cuencas central y oriental y contribuye a transportar oxígeno hacia las profundidades. Pero la masa de agua que se hunde es ahora más caliente y salada que antes.

El trabajo previo sobre el Adriático documentó también calentamiento y salinización profundos. Sus comparaciones utilizan periodos y referencias diferentes, por lo que no permiten establecer aquí un único cociente entre la velocidad del Adriático y la de una cuenca mediterránea típica. Las observaciones sí muestran que el sector adriático meridional figura entre los focos más intensos del cambio.

El balance de densidad deja abierta una cuestión concreta: mientras la salinidad compense parte del efecto del calentamiento, el hundimiento puede continuar. Si ese equilibrio cambia, podrían variar la intensidad y la frecuencia de la renovación profunda. El análisis no ofrece una respuesta definitiva sobre la evolución futura.

Qué aportan los registros españoles

Las observaciones previas en aguas mediterráneas españolas complementan el estudio principal. Series del Instituto Español de Oceanografía, el Institut de Ciències del Mar y SOCIB habían documentado aumentos de temperatura y salinidad desde la superficie hasta capas profundas. En la superficie, esas series estiman ritmos de unos dos grados por siglo en el mar de Alborán y de casi tres grados por siglo en algunos puntos de la costa catalana.

Los cruceros MOOSE-GE aportan observaciones independientes sobre ventilación y oxígeno en el Mediterráneo noroccidental. La serie anual, desarrollada entre 2010 y 2024, registra variables físicas y biogeoquímicas desde la superficie hasta cerca del fondo. En los años de convección invernal intensa, el agua se mezcla y ventila las capas intermedias y profundas. En el periodo posterior, cuando la mezcla es más débil, la renovación del oxígeno es menor.

Entre 2014 y 2024, MOOSE-GE observó un descenso persistente del oxígeno disuelto en aguas intermedias y profundas. Sus concentraciones, sin embargo, seguían bastante por encima de los umbrales de hipoxia. Este descenso pertenece a otro conjunto de observaciones: el análisis sobre calentamiento y salinidad no midió oxígeno y, por sí solo, no demuestra que aquellos cambios sean la causa de la tendencia registrada en el noroeste mediterráneo.

Hay un posible mecanismo físico. El agua más caliente retiene menos oxígeno y una mezcla vertical más débil puede dificultar su transporte hacia el fondo. Pero esa relación no equivale a una causalidad establecida por el estudio principal. Los dos trabajos describen procesos relacionados con variables, regiones y periodos distintos.

Una aceleración cuyo origen sigue abierto

El análisis mide la aceleración, pero no cuantifica todavía el peso relativo de sus posibles impulsores. Entre las cuestiones que los autores plantean están la influencia de la atmósfera, la evaporación, la lluvia, las aportaciones fluviales, la entrada de agua atlántica por Gibraltar y la redistribución interna de las masas de agua. También queda por comprobar si los modelos climáticos reproducen la velocidad observada.

Esta limitación es especialmente importante en las capas superiores del Jónico y el Levante. Allí, las estimaciones basadas en flotadores y los productos de reanálisis no siempre coinciden. La cobertura es escasa e intermitente en algunas zonas y la variabilidad regional es elevada. Estas limitaciones afectan a la precisión con que puede dibujarse la distribución del cambio, mientras que las pruebas de sensibilidad del estudio mantienen el signo y la estructura vertical de sus señales principales.

Las observaciones disponibles muestran que el Mediterráneo se calienta y gana salinidad también en profundidad, con una aceleración regional desigual y un foco destacado en el Adriático. El análisis deja sin resolver cuánto podrá sostenerse allí la renovación de las aguas profundas y cómo se relacionará ese equilibrio con la evolución del oxígeno. La temperatura y la salinidad, por sí solas, no bastan: el seguimiento debe incluir la densidad, la mezcla y el oxígeno en las distintas subcuencas.

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