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Un estudio de Fedea calcula que 1,95 millones de personas que no aparecían como pobres según la medición convencional quedan por debajo del umbral cuando se descuenta el coste residencial. El recálculo eleva la tasa de pobreza de 2025 del 19,5% al 23,5%.
La comparación plantea otra pregunta distinta de la estadística habitual: qué ocurre con los recursos disponibles después de pagar la vivienda. Según el informe, el mayor cambio se da entre quienes alquilan a precio de mercado, un grupo en el que la proporción de personas por debajo del umbral pasa del 32,8% al 49,9%.
Qué cambia al descontar la vivienda
El estudio analiza los microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida entre 2014 y 2025. Mantiene como referencia el umbral convencional —el 60% de la mediana de ingresos antes de vivienda— y calcula cuántas personas quedan por debajo después de restar el coste de acceso a la vivienda.
En 2025, la tasa convencional fue del 19,5%. Con la métrica que incorpora el gasto residencial, Fedea la sitúa en el 23,5%, cuatro puntos porcentuales más. Las dos cifras describen mediciones diferentes: la primera toma la renta disponible como referencia y la segunda considera también cuánto se destina al acceso a la vivienda.
El coste residencial se calcula de forma distinta según el tipo de hogar. En el informe, corresponde al alquiler para quienes arriendan una vivienda, a los intereses hipotecarios para quienes tienen una hipoteca y a cero para los propietarios sin hipoteca y los hogares en cesión gratuita. Por eso, dos hogares con ingresos parecidos pueden quedar con recursos distintos una vez afrontado el alojamiento.
Fedea sostiene que incorporar este coste eleva el nivel de pobreza medido, aunque no revierte la mejora observada entre 2014 y 2025. El resultado no sustituye la tasa convencional: añade otra forma de identificar a quienes quedan por debajo del mismo umbral después de pagar la vivienda.
El alquiler de mercado concentra el cambio
La diferencia es especialmente amplia entre los inquilinos que pagan precios de mercado. En ese grupo, la tasa pasa del 32,8% antes de descontar la vivienda al 49,9% después. El incremento ronda los 17 puntos porcentuales.
El informe cifra además en el 25,4% la proporción de inquilinos de mercado que no eran pobres en la medición inicial y cruzan el umbral tras pagar el alquiler: aproximadamente uno de cada cuatro. En el conjunto de las personas que Fedea identifica como pobreza oculta —las que pasan de no pobres a pobres al incorporar el coste residencial—, el alquiler de mercado concentra el 72,5%.
Son tasas y clasificaciones construidas con la metodología del estudio. No describen el esfuerzo individual de cada inquilino ni significan que todas las personas propietarias sin hipoteca tengan una situación económica holgada. De hecho, Fedea advierte de que no pagar un alquiler de mercado no equivale necesariamente a disponer de más dinero líquido.
La diferencia entre ambos grupos nace de cómo se incorpora el coste de acceso. Para los propietarios sin hipoteca, el valor es cero por construcción; para los inquilinos de mercado, el alquiler reduce los recursos considerados disponibles. La comparación permite observar qué hogares cambian de clasificación cuando la vivienda entra en el cálculo.
Qué mide y qué no mide la cifra
Los 1,95 millones no son el total de personas pobres en España. Son quienes no quedaban por debajo del umbral con la medición convencional y sí lo hacen después de descontar el coste residencial. La cifra mide, por tanto, una reclasificación estadística asociada a una métrica alternativa.
El resultado tampoco establece que el alquiler sea la única causa de la pobreza. El estudio conserva la renta como referencia y examina cómo cambia la medición cuando se añade la vivienda como dimensión de los recursos disponibles. Su conclusión es que una medida basada solo en la renta puede dejar fuera diferencias relevantes entre hogares con costes residenciales distintos.
El efecto principal se limita al diagnóstico, no a una reforma concreta. Con la tasa convencional, esas personas no aparecen bajo el umbral; con la métrica después de vivienda, sí. Fedea plantea así que la posición residencial debe tenerse en cuenta al interpretar la vulnerabilidad económica, sin convertir el 23,5% en una sustitución automática del indicador del 19,5%.
El recálculo da un contraste preciso: la tasa general aumenta cuatro puntos y, dentro del alquiler de mercado, casi uno de cada cuatro inquilinos inicialmente no pobre pasa a quedar por debajo del umbral. La diferencia no cambia la definición de pobreza convencional, pero sí muestra a quién deja fuera cuando no se considera el coste de la vivienda.
