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La autorización europea de lecanemab y donanemab no implica, por ahora, financiación pública en España. El Nomenclátor de septiembre de 2026 registra Leqembi y Kisunla como «no financiados por resolución» y señala que sus indicaciones no están incluidas. La decisión afecta al acceso de estos tratamientos con cargo al sistema público y llega mientras su uso exige seleccionar a pacientes concretos, realizar perfusiones y mantener controles mediante resonancia magnética.
Una decisión de financiación pendiente
Leqembi, cuyo principio activo es lecanemab, y Kisunla, basado en donanemab, figuran en las fichas del Ministerio de Sanidad como medicamentos autorizados por procedimiento centralizado. En esas mismas fichas aparecen como no financiados por resolución. La autorización comercial y la financiación pública son decisiones distintas.
El País informó el 17 de julio de 2026 de que la Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos había rechazado financiar públicamente los dos tratamientos. Según esa información, el desacuerdo estuvo relacionado con una cláusula de techo de gasto que las compañías no habrían aceptado. Esa explicación se presenta aquí como una versión publicada por el diario, no como una decisión primaria reproducida en el registro ministerial.
La ausencia de financiación no modifica las condiciones de autorización, pero sí deja fuera del registro de financiación pública las indicaciones de ambos medicamentos. Estar autorizado en la Unión Europea no garantiza que el Sistema Nacional de Salud asuma el coste del tratamiento.
Para quién están indicados
Los dos fármacos se dirigen a una fase concreta de la enfermedad. Las fichas técnicas los indican para adultos con deterioro cognitivo leve o demencia leve debida al alzhéimer y exigen confirmar la presencia de patología beta-amiloide. El diagnóstico clínico, por sí solo, no reúne todos los requisitos previstos.
La autorización también restringe la población según el gen ApoE4. Pueden recibirlos las personas que no tienen ninguna copia del gen o que tienen una sola; las fichas excluyen a quienes presentan dos copias. La homocigosis se asocia con una mayor frecuencia de determinadas complicaciones, entre ellas las anomalías de imagen relacionadas con el amiloide, conocidas como ARIA.
Los ensayos describen una ralentización del deterioro frente al placebo, no una recuperación de las capacidades perdidas. En el caso de Kisunla, la Agencia Europea de Medicamentos comunicó que la puntuación funcional empeoró menos con el tratamiento que con el placebo después de 18 meses. Para Leqembi, la AEMPS describe también un retraso en la progresión de los síntomas. Estos resultados delimitan el uso de los fármacos: pueden modificar el ritmo del deterioro en una población seleccionada, pero no están indicados para cualquier persona con alzhéimer.
El tratamiento exige vigilancia
El coste no es la única dificultad de acceso. Los dos medicamentos se administran mediante perfusión intravenosa. La documentación técnica exige confirmar el diagnóstico y la patología amiloide, valorar el genotipo ApoE4 y realizar resonancias magnéticas antes y durante el tratamiento. También prevé la intervención de profesionales o equipos con experiencia en la detección y el manejo de las complicaciones.
Las ARIA pueden incluir edema cerebral y pequeños sangrados. La EMA señala que la mayoría de los casos son asintomáticos, aunque también pueden producirse episodios graves. Las fichas técnicas españolas registran casos que requirieron hospitalización y, en el caso de donanemab, acontecimientos graves poco frecuentes en los ensayos.
Las condiciones regulatorias incorporan medidas de control: población candidata restringida, evaluación de ApoE4, resonancias de seguimiento, información para pacientes y profesionales y programas de acceso controlado. Estas medidas determinan quién puede recibir el medicamento y establecen cómo detectar y tratar las posibles complicaciones durante el proceso.
El coste cotidiano del cuidado
La financiación de estos fármacos se debate mientras la atención diaria de muchas personas con alzhéimer continúa recayendo en sus familias. La Fundación Pasqual Maragall afirma que un familiar asume el cuidado en ocho de cada diez casos y que las familias soportan el 86% del coste. Son cifras atribuidas a la entidad, no una medición independiente presentada en este artículo.
CEAFA difundió en 2025 los resultados de un cuestionario a personas cuidadoras. El 75% de las participantes declaró haber experimentado soledad; el 62% afirmó que el cuidado había perjudicado su salud física o psicológica, y el 42% dijo no recibir ninguna ayuda. Los porcentajes describen a quienes respondieron al cuestionario y no permiten extrapolar automáticamente sus resultados al conjunto de las familias cuidadoras.
La organización reclama apoyo psicológico y emocional, programas de respiro, redes comunitarias y una mejor coordinación sociosanitaria. El Centro de Referencia Estatal de Alzheimer, dependiente del Imserso, ofrece servicios de información, orientación y formación para familias cuidadoras y profesionales. También publicó en enero de 2025 un monográfico sobre la sobrecarga de quienes cuidan a personas con demencia.
Lecanemab y donanemab ofrecen una opción para pacientes en fases tempranas y bajo condiciones clínicas estrictas. En España, ambos constan en septiembre de 2026 como no financiados por resolución. La financiación de los fármacos y las necesidades de quienes cuidan son cuestiones distintas, pero ambas afectan a los apoyos que reciben los pacientes y sus familias cuando el alzhéimer limita cada vez más la vida cotidiana.